A Pastoral Charge for New Elders

Christ Covenant Church
Rev. Marq Toombs
5 May 2019
Third Sunday of Easter

Series on 1 Thessalonians — The Future Shapes the Present

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A sermon for the ordination of ruling elders.

Sermon Text: 1 Thessalonians 2:6-12, 19

We were not looking for praise from people, not from you or anyone else, even though as apostles of Christ we could have asserted our authority. Instead, we were gentle among you. Just as a nursing mother cares for her children, so we cared for you. Because we loved you so much, we were delighted to share with you not only the gospel of God but our lives as well. Surely you remember, brothers and sisters, our toil and hardship; we worked night and day in order not to be a burden to anyone while we preached the gospel of God to you. You are witnesses, and so is God, of how holy, righteous and blameless we were among you who believed. For you know that we dealt with each of you as a father deals with his own children, encouraging, comforting and urging you to live lives worthy of God, who calls you into his kingdom and glory . . . For what is our hope or joy or crown of boasting before our Lord Jesus at his coming? Is it not you? For you are our glory and joy.

The first rule of pastoral ministry — Seek the glory of God alone. Much of your work and service will require you to speak the truth in love. In all your visiting, counseling, teaching, and preaching, speak, not to please man, but to please God who tests our hearts. This is for your good and the good of others. It will save you and those who hear you.

The second rule of pastoral ministry is this — Shroud your authority in meekness and gentleness. Speak softly, yet carry a big stick. Use your authority as elders in the church to love and serve the people, the family of God.

You must embody these rules in three ways: like a mother, like a brother, and like a father.

In context, the ministry of Paul, Timothy, and Silas is described in familial terms. Our ministry as a Session must be characterized in the same way. The relationship between a congregation and her pastor and elders is like the relationships we see in a family.

So, presbyters:

Like a mother, you must nurse the church as your little children. The children under your care need lots and lots of care and protection. In many ways, their well-being depends on you. That is why you must carry them. Cherish them. Comfort them. Challenge them. Cuddle them. If you truly love them, you will be delighted to share with them the gospel of God’s grace — and your lives as well. This will allow them to grow up in the truth and love of God.

Like a brother, you must set an example of godliness for your siblings. Work hard to ease their burdens and make life better for them. Do your part to take care of the family, and urge your siblings to do their part as well. Show them how to live in God’s family as children of God. Make sure your brothers and sisters know the Father’s expectations and household rules.

Like a father, you must call your children to your side to counsel them, to console them, to correct them. The church under your care needs fathers who are present — and take an interest and get involved in the life of their children. Your children will not always do everything that needs to be done. Like with all children, there will be growing pains. Sometimes children do what is right and good, sometimes they do not. You must remind them to walk in a way that pleases the Lord, not self. To live lives worthy of God, not man.

Finally, do all these things with a view toward the second coming of the Lord. The future glory shapes the present grind.

For what is our hope or joy or crown of boasting before our Lord Jesus at his coming?

It is not ourselves. It is not found in our personal accomplishments or professional achievements.

As parents, our pride and joy is found in our children. Likewise, as presbyters, our joy and crown, our glory and joy, is the congregation we serve in this corner of the Church where we are sent. 

Don’t waste your life grumbling or complaining about your church family. Rather, spend your life growing and constructing it. Finding faults makes you a critic; fixing faults makes you a caretaker.

At the end of all things, when Christ comes, you will give account for your work and service in God’s family. My hope and prayer is that you will be able to point to this congregation and boast and brag before the Lord.

Brothers, may the Father, the Son, and the Holy Spirit be your model and guide as you love and serve God’s family as a mother, a brother, and a father — in the anguish of childbirth — until Christ is formed in your little children! (Gal. 4:19)

UN CARGO PASTORAL PARA NUEVOS ANCIANOS

Texto para el sermon: 1 Thesalonicenses 2:6-12, 19

Un sermon para la ordenacion de ancianos gobernantes (presbiteros).

Tampoco hemos buscado honores de nadie; ni de ustedes ni de otros. Aunque como apóstoles de Cristo hubiéramos podido ser exigentes con ustedes, los tratamos con delicadeza. Como una madre que amamanta y cuida a sus hijos, así nosotros, por el cariño que les tenemos, nos deleitamos en compartir con ustedes no solo el evangelio de Dios, sino también nuestra vida. ¡Tanto llegamos a quererlos! Recordarán, hermanos y hermanas, nuestros esfuerzos y fatigas para proclamarles el evangelio de Dios, y cómo trabajamos día y noche para no serles una carga. Dios y ustedes me son testigos de que nos comportamos con ustedes los creyentes en una forma santa, justa e irreprochable. Saben también que a cada uno de ustedes lo hemos tratado como trata un padre a sus propios hijos. Los hemos animado, consolado y exhortado a llevar una vida digna de Dios, que los llama a su reino y a su gloria.

El mensaje para el dia de hoy es un solemne cargo para los nuevos presbiteros.

La primera regla del ministerio pastoral es: buscar la gloria de Dios solamente. Una gran parte de su y servicio requerirá que digan la verdad con amor. En todas sus visitas, consejería, enseñanza, alabanza, y predicación que hagan, haganlo, no para agradar al hombre, sino para agradar a Dios que prueba el corazon. Esto es para su bien y el bien de los demás. Ademas, esto les salvará a Uds mismos y a quienes les escuchen.

La segunda regla del ministerio pastoral es esta: envuelve su autoridad con mansedumbre y amabilidad. Como esta dicho: Habla en voz baja, pero lleva un palo grande. Pues el palo que llevamos es el equipaje de pastores. La vara y el cayado pastoral deben infundir aliento no causar daño. Nuestro palo es nada mas que la cruz de Cristo.

Nuestra autoridad como presbiteros en la iglesia es para amar y servir a la gente, a la familia de Dios.

En contexto, el ministerio de Pablo, Timoteo y Silas se describe en términos familiares. Nuestro ministerio como Consistorio debe ser caracterizado de la misma manera. La relación entre una congregación y su pastor y los ancianos es como las relaciones que vemos en una familia.

Entonces, hay que encarnar las reglas del ministerio pastoral en tres maneras: como una madre, como un hermano, y como un padre.

Como una madre, deben cuidar a la iglesia como a sus propios hijos pequeños. Los niños bajo su cuidado necesitan mucho, pero mucho, cuidado, apoyo, y protección. En muchos sentidos, su bienestar espiritual depende de ti como un presbitero. Por eso, hay que llevarlos. Apreciarlos. Consolarlos. Desafiarlos. Abrazarlos. Si realmente los amas, estarás encantado de compartir con ellos el evangelio de la gracia de Dios, y tu vida también. Esto les permitirá crecer en la verdad y en el amor de Dios.

Como un hermano, debes poner un ejemplo de piedad para tus hermanos. Trabajes duro para aliviar sus cargas y hacer que la vida sea mejor para ellos. Haz tu parte para cuidar de la familia e inste a tus hermanos a que también hagan su parte. Muéstreles cómo vivir en la familia de Dios como hijos de Dios. Asegúrete de que tus hermanos y hermanas conozcan las expectativas del Padre y las reglas del hogar de la familia de Dios.

Como un padre, debes llamar a tus hijos a tu lado para aconsejarlos, consolarlos, dirigirlos. La iglesia bajo tu cuidado necesita padres que estén presentes y fieles, y que se interesen y se involucren en la vida de sus hijos. Sus hijos no siempre harán todo lo que se deben de hacer. Como con todos los niños, habrán varios dolores de crecimiento. A veces los niños harán lo correcto y lo bueno, a veces no lo van a hacer. Debes recordarles que ellos deben caminar de una manera que agrada al Señor, no a uno mismo. — y vivir vidas dignas de Dios, no del hombre.

Finalmente, hagas todas estas cosas con la vista fija a la segunda venida del Señor. La gloria del futuro es lo que da forma a las practicas actual del presente.

Porque, ¿cuál es nuestra esperanza o gozo o corona de jactancia ante nuestro Señor Jesús en su venida?

No se encuentra en nosotros mismos, no se encuentra en nuestros logros personales o logros profesionales.

Como padres, nuestro orgullo y alegría se encuentra en nuestros hijos. De la misma manera, como presbíteros, nuestra alegría y nuestra corona, nuestra gloria y nuestro gozo, es la congregación a la que servimos en este rincón de la Iglesia a la que somos enviados.

No desperdicies tu vida gruñendo o quejándote de la familia de tu iglesia. Más bien, pasa tu vida apoyando su crecimiento y tratando de construirla. Solamente buscando faltas te hace un crítico; pero componiendo lo que hace falta te hace un cuidador.

Al fin de cuentas, cuando Cristo venga, darás cuenta de tu trabajo y servicio en la familia de Dios. Mi esperanza y oración es que puedan señalar a esta congregación y presumir ante el Señor.

Hermanos, que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo sean su modelo y guía a medida que aman y sirven a la familia de Dios como una madre, un hermano y un padre — sufriendo dolores de parto — hasta que Cristo sea formado en sus queridos hijos (Gal. 4:19).