Cristo Rey Presbyterian Church
Pastor Marq Toombs
Texto – Lucas 10: 25-36

25 En esto se presentó un experto en la ley y, para poner a prueba a Jesús, le hizo esta pregunta: ―Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?
26 Jesús replicó: ―¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo la interpretas tú?
27 Como respuesta el hombre citó: ―“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu mente”,[d] y: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.[e28 ―Bien contestado —le dijo Jesús—. Haz eso y vivirás.

29 Pero él quería justificarse, así que le preguntó a Jesús: ―¿Y quién es mi prójimo?
30 Jesús respondió: ―Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de unos ladrones. Le quitaron la ropa, lo golpearon y se fueron, dejándolo medio muerto. 31 Resulta que viajaba por el mismo camino un sacerdote quien, al verlo, se desvió y siguió de largo. 32 Así también llegó a aquel lugar un levita y, al verlo, se desvió y siguió de largo. 33 Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba el hombre y, viéndolo, se compadeció de él. 34 Se acercó, le curó las heridas con vino y aceite, y se las vendó. Luego lo montó sobre su propia cabalgadura, lo llevó a un alojamiento y lo cuidó. 35 Al día siguiente, sacó dos monedas de plata[f] y se las dio al dueño del alojamiento. “Cuídemelo —le dijo—, y lo que gaste usted de más, se lo pagaré cuando yo vuelva”. 36 ¿Cuál de estos tres piensas que demostró ser el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?

37 ―El que se compadeció de él —contestó el experto en la ley. ―Anda entonces y haz tú lo mismo —concluyó Jesús.

Esta es una de las parábolas más conocidas del mundo. De hecho, la frase “Buen Samaritano” se ha convertido en alguien que intenta ayudar a otra persona (especialmente a un extraño) en una situación de emergencia.

El estado de Texas incluso tiene una ley de buen samaritano. Según The Texas Good Samaritan Act, “una persona que de buena fe administra atención de emergencia en el lugar de una emergencia o en un hospital no es responsable por daños civiles por un acto realizado durante la emergencia a menos que el acto sea por negligencia intencionada o sin motivo. ”

En esta historia, un abogado muy religioso se levantó para examinar la vida y la doctrina de Jesús. Este abogado era un experto en la Ley de Dios. En realidad, era más como un teólogo que como un abogado civil.

Le preguntó a Jesús una de las preguntas más importantes del mundo. ¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna? En otras palabras, ¿qué debo hacer para ser salvo e irme al cielo?

Pero Jesús le puso a pruebas. ―¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo la interpretas tú?

Entonces el abogado señaló el corazón de la Ley y habló sobre amar a Dios y amar a los vecinos. Él no dijo nada acerca de la justificación por gracia a través de la fe.

Y sin embargo, Jesús dijo que respondió correctamente.

El abogado religioso conocía los textos correctos en la Biblia, pero ¿hizo las cosas correctas con ellos en su vida?

Para probarlo un poco más, Jesús agregó: Haz esto: ama a Dios y ama a tu prójimo y vivirás; heredarás la vida eterna, serás salvo, irás al cielo.

Todos sabemos que hay una gran diferencia entre conocer los textos correctos y hacer las cosas correctas. Pero, al igual que el abogado, queremos justificarnos a nosotros mismos. Entonces hacemos preguntas teológicas profundas como “¿Quién es mi prójimo?”

Esto me recuerda a algo NT Wright ha dicho: “Cuando la iglesia necesita trabajo duro y la acción generosa, es interesante cómo algunas personas, tal vez como una técnica de evasión, de repente descubre que hay todo tipo de disputas teológicas y bíblicas que necesitan para ocultar detrás. “(164)

Eso es lo que intenta hacer este abogado: en lugar de obedecer la palabra de Dios, quiere encontrar un escapatoria en la ley. Para estancarse, él se esconde detrás de la semántica; él juega juegos de palabras.

¿Cuál es exactamente la definición de vecino?

El experto en la Ley debería haber sabido la respuesta. Porque la Ley describe a tu prójimo de esta manera en Levítico 19: el prójimo es un extranjero, pobre, rico, sordo-mudo, ciego, jornalero, hermano, vecino. Tu prójimo es tu reflejo.

Tristemente, el abogado creyó que la Ley de Dios – ama a tu prójimo como a ti mismo – solo pretendía amar a tu prójimo judío solamente — o amar a las personas que son tal como tú solamente. Aun los expertos se equivocan.

Hemos visto ya (en el contexto del Evangelio de Lucas) que Jesús ha estado practicando la Ley del Amor de Dios y mostrándonos una mejor manera de vivir.

Amaba a su prójimo como a sí mismo, ya sea que su vecino fuera hombre o mujer, enfermo o sano, rico o pobre, joven o viejo, judío o gentil. Él ha estado proclamando y practicando las buenas nuevas de Jubileo: rescate, liberación, y descanso.

El abogado sabía lo que hacia Jesús, pero no le gustó. Él pensó que Jesús estaba violando la Ley de Dios, por lo que quería exponer a Jesús. Es por eso que se le puso a prueba.

El abogado quería que Jesús contestara en voz alta: “Tu vecino es cualquiera, ya sea judío, samaritano, romano — ciudadano estado-unidense, refugiado africano o inmigrante indocumentado.”

Pues, como los judíos y los no judíos eran enemigos mortales y no se llevaban bien, un respuesta así le daría toda la evidencia que necesitaba para acusar a Jesús de traición y de traspasar la Ley de Dios.

Pero Jesús respondió por contar una historia acerca de un hombre que fue atacado por sorpresa, emboscado por ladrones, despojado de ropa, golpeado, y dejado por muerto, boca bajo en el polvo.

¿Quién era este hombre? ¿Era judío? Un romano?

La mayoría de las personas asumen que era judío, pero Jesús deja eso a nuestra imaginación.

Solo deja en claro que dos hombres religiosos, que tenían el color de piel adecuado, y que conocían todos los textos bíblicos correctos (al igual que el abogado), vieron a la víctima al borde del camino y pasaron al otro lado sin levantar un dedo para ayudarlo.

Si la Ley de Dios requiere que un hombre ayude a su hermano a levantar su burro o buey cuando se cae, ¡cuánto más debería un hombre ayudar a sacar a su hermano o vecino del suelo, y no ignorarlo! (Deuteronomio 22:4)

Pero los religiosos lo ignoraron. Cualesquiera que sean las razones para esto, lo que hicieron es injustificable. Ellos desobedecieron la Ley de Dios. No amaron a su prójimo. Ellos se alejaron en pecado.

Pero, pasaba por ahi un samaritano – un hombre Gringo bien rico, un Trumpista, un seguidor / partidario de Trump – lo vio. Hizo todo lo posible por ayudar al hombre quebrado y agonizante, a gran costa personal de si mismo, sin esperar nada a cambio. El samaritano le notó a su prójimo y se hizo responsable por él.

De esta manera, Jesús respondió la pregunta del abogado: ¿Quién es mi prójimo?

Pero ese no es el final del examen.

Jesús volvió a poner a prueba al abogado: ¿Cuál de estos tres crees que era vecino del hombre que cayó entre los ladrones?

El abogado respondió correctamente, si no de mala gana, “El que le mostró misericordia”.

Y Jesús le dijo: “Ve y haz lo mismo”.

Ahora, ¿quién es tu prójimo?

Es la persona que Dios pone frente a usted, y la siguiente después. Tu prójimo es la persona hecha a la imagen de Dios que Dios pone en tu camino y en tu camino.

Una vez más, conocer la respuesta correcta y hacer lo correcto van bien juntos. Ambos son necesarios.

Es bueno preguntar: ¿Quién es mi prójimo? Es mejor preguntar: ¿a quién puedo amar como a mí mismo?

Es bueno preguntar: ¿Quién necesita la misericordia hoy? Es mejor preguntar, ¿a quién puedo mostrar misericordia en esta situación, en este momento?

Si quieres heredar la vida eterna, ser salvo e ir al cielo, debes amar a tu prójimo como a ti mismo, sin mostrar parcialidad o favoritismo, sea quien sea tu prójimo.

Así es como Jesús se acercó a la vida y al ministerio. Jesús amaba a su prójimo como a sí mismo.

Así es como nos vio y por qué nos mostró misericordia.

Íbamos en rumbo de un lugar a otro cuando fuimos emboscados por el pecado, la carne y el diablo.

Nos dejaron desnudos, ensangrentados, magullados y muertos espiritualmente.

Pero Jesús vino a buscarnos y salvarnos; él nos vio y se detuvo y se quedó con nosotros. Vino a nosotros donde estábamos, y tuvo compasión de nosotros.

Jesús se acercó y entregó su vida por nosotros.

El cayó entre ladrones, que lo desnudaron y golpearon, y lo crucificaron y lo abandonaron, y lo dejaron morir en un madero.

Por sus heridas somos sanados, por su sangre somos lavados, por su Espíritu somos vivificados de nuevo.

Él nos llevó a la iglesia y acusó a los pastores locales de que nos cuiden y nos traten mientras nos trata.

Como pastores, queremos cuidarte y recordándote que Jesús es tu prójimo.

Él te ama como a si mismo. Él te lavó con agua a través de su palabra en tu bautismo. Él derramó su Espíritu en tu corazón. Él te ha traido a un lugar seguro.

Él pone esta mesa frente a ti en presencia de tus enemigos.

Mira a tu alrededor, te ha puesto en una familia con otras personas que estaban solas, golpeadas, aplastadas, desesperadas, tal como tú. Así era hasta que Jesús, el verdadero y mejor Samaritano, vino en la gracia del Espíritu Santo y aplicó el Evangelio del Jubileo para ti:

En el poder del Espíritu Santo,
Jesús proclama buenas nuevas a los pobres,
libertad a los cautivos,
nueva vista para los ciegos,
liberación para los oprimidos,
el año del favor del Señor,

a consolar a todos los que están de duelo,
a darles una corona en vez de cenizas,
aceite de alegría en vez de luto,
traje de fiesta en vez de espíritu de desaliento.

Y ahora, él te da la bienvenida a su sagrada mesa.

A todos ustedes, cristianos bautizados, que se han apartado del pecado y confían solamente en Cristo como su salvador, él les sirve el pan de vida y la copa de la salvación. Él te da su cuerpo quebrado para sanar tu quebrantamiento, y él te da su sangre derramada para mostrarte con su misericordia.