Cristo Rey Presbyterian Church
Rev. Marq Toombs
15 de Julio 2018

Texto para el sermon: Lucas 7:2-10

Había allí un centurión, cuyo siervo, a quien él estimaba mucho, estaba enfermo, a punto de morir. Como oyó hablar de Jesús, el centurión mandó a unos dirigentes de los judíos a pedirle que fuera a sanar a su siervo. Cuando llegaron ante Jesús, le rogaron con insistencia:

―Este hombre merece que le concedas lo que te pide: aprecia tanto a nuestra nación que nos ha construido una sinagoga.

Así que Jesús fue con ellos. No estaba lejos de la casa cuando el centurión mandó unos amigos a decirle:

―Señor, no te tomes tanta molestia, pues no merezco que entres bajo mi techo. Por eso ni siquiera me atreví a presentarme ante ti. Pero, con una sola palabra que digas, quedará sano mi siervo. Yo mismo obedezco órdenes superiores y, además, tengo soldados bajo mi autoridad. Le digo a uno: “Ve”, y va, y al otro: “Ven”, y viene. Le digo a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace.

Al oírlo, Jesús se asombró de él y, volviéndose a la multitud que lo seguía, comentó:

―Les digo que ni siquiera en Israel he encontrado una fe tan grande.

10 Al regresar a casa, los enviados encontraron sano al siervo.

Mientras estudiamos el Evangelio de Lucas, quiero que veamos que la misión de Jesús está basada en la Ley del Jubileo. Jesucristo lleva las buenas noticias de Jubileo (libertad) a todo tipo de personas con sus palabras y obras.

Jesús no solo proclama el evangelio del Jubileo, también lo encarna. Jesús practica lo que predica.

Esta narrativa que acabamos de leer no es diferente.

Aquí nos encontramos con un centurión. Él es un soldado romano a cargo de cien soldados romanos. Sirven como la fuerza de policía (militarizada) en un pueblo judío (Capernaum).

De la perspectiva de los judíos, esto fue un problema grave. Los romanos eran extranjeros. Los romanos estaban a cargo de los judíos. Los judíos fueron cautivos en su propia tierra.

Sería como tener al ejército estadounidense actuando como la fuerza policial a cargo de todas las ciudades, pueblos y aldeas en México.

En mayor parte, hubo tensión entre romanos y judíos. Se despreciaban y odiaban entre sí.

Y, sin embargo, nos encontramos con este centurión y él parece ser diferente. Aquí está su curriculum vitae – un bosquejo biografico:

Es un centurion bajo la autoridad de Imperio Romano. Esta obligado a hacer lo que sus comandantes le ordenan. Como representante del gobierno romano tiene que esforcar la ley romana en la tierra judía para mantener la paz y el orden.

Es dueño de su hogar. Es un hombre de bienes y medios. Gana bien. Tiene propiedad y siervos.

Es generoso. Él financió el edificio de la sinagoga (edificio de la iglesia judía).

Es respetado en el pueblo por ambos romanos y judíos. Tiene mucha influencia.

De la perspectiva humana todo esto parece como un buen currículum.

Sin embargo, segun el mensaje del Evangelio de Lucas, este currículum podría causarle algunos problemas.

Recuerden que Lucas nos ha estado diciendo ldesde el principio lo que Dios piensa acerca de los ricos y poderosos y cómo Dios trata a los orgullosos:

En Lucas capítulo 1 María, la madre de Jesús cantó:

51 Él ha mostrado fortaleza con su brazo;
él ha esparcido a los orgullosos en los pensamientos de sus corazones;
52 él ha derribado a los poderosos de sus tronos
y exaltó a aquellos de humilde estado;
53 ha llenado de bienes al hambriento
y el rico lo ha enviado vacío.

Y Zacarías, el padre de Juan el Bautista cantó:

51 que debemos ser salvados de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian.

Estaba pensando en los enemigos espirituales, pero muchos creen que pensaba en los romanos.

En el capítulo 4 de Lucas, Jesús predicó:

18 El Espíritu del Señor está sobre mí,
porque él me ha ungido
para proclamar buenas noticias a los pobres.

Y en el capítulo 6 de Lucas, Jesús dijo:

24 Ay de ustedes los ricos,
porque ya han recibido su consuelo!
25 ¡Ay de ustedes los que ahora están saciados,
porque sabrán lo que es pasar hambre!
¡Ay de ustedes los que ahora ríen,
porque sabrán lo que es derramar lágrimas!
26 ¡Ay de ustedes cuando todos los elogien!

Entonces, hasta este punto, Lucas ha dejado en claro que ser rica, poderosa, y guapa puede provocar problemas con Dios.

Sin embargo, este centurión es diferente. No es como el típico hombre rico y poderoso.

Cuando escuchó acerca de Jesús, él respondió con fe y esperanza.

¿Cómo oyó hablar de Jesús?

Porque la fama de Jesús se extendía cada vez más, de modo que acudían a él multitudes para oírlo y para que los sanara de sus enfermedades. (5:15).

Cuando el centurión escuchó las noticias acerca de Jesús, le pidió a Jesús que fuera a sanar a su amado siervo.

En el mundo romano, algunos siervos fueron tratados muy bien, casi como hijos o hijas. Fueron amados por sus amos, como hijastros son amados por sus padrastos.

Este siervo es muy estimado por el centurion. Pero está sufriendo con una enfermedad terminal. Por eso dice esta al punto de morir.

Es una experiencia terrible ver el sufrimiento de un ser querido, y mas terrible esperar que termine su sufrimiento, ya sea por una sanación o por la muerte.

Si alguna vez te has sentado al lado de la cama y que has visto a un ser querido sufrir hasta el punto de morir, ya sabes cómo se sintia el centurión.

Entonces, se nota que hay algo diferente sobre este centurión romano.

Él es un hombre tierno de corazón; y es un hombre profundamente religioso. Cree y confi en el Señor.

Sabemos que la fe proviene de la palabra de Dios por medio de la oreja. Es decir, la fe viene por oir la palabra de Cristo.

En la providencia de Dios, el centurión vivió en Capernaum.

Debe haber escuchado la palabra de Dios de parte de los ancianos de los judíos. Leen y explican la Ley y los Profetas todos los sábados.

Incluso es possible que escucho el mensaje de Juan el Bautista en algún momento:

Cuando los soldados que fueron a recibir bautismo le preguntaron: “Y nosotros, ¿qué haremos?” Juan les dijo: “No exijan dinero a nadie con amenazas o acusaciones falsas, y estén contentos con su salario”. (3:14)

Pues el punto central es que el centurión fue un hombre dedicado a Dios. No a los dioses de los romanos, sino al único Dios verdadero de Abraham, Isaac, y Jacobo.

Tal como ellos, el centurion caminaba por fe.

Entonces, él envió a los ancianos de los judíos a Jesús, pidiéndole que fuera y sanara a su siervo. Esto muestra la influencia y el respeto que tuvo entre los judíos.

Y cuando se acercaron a Jesús, le suplicaron fervientemente, diciendo: “Es digno de que hagas esto por él, porque él ama a nuestra nación, y él es quien nos construyó nuestra sinagoga”.

Los judíos oraron a Cristo en nombre de un soldado romano. ¡Esto es noble y digno!

Ahora, somos cristianos reformados, y somos sensibles a tales cosas, por lo que algunos de nosotros podríamos estar pensando en nuestros corazones, “A-ha! Él no era digno, porque nadie es digno, sino solo Dios”.

Y sin embargo, cuando Jesús escuchó su oración, no dijo nada. Simplemente respondió a su favor y “fue con ellos.”

Esto no debería sorprendernos porque esto es lo que un sabio rey de los judíos le pidió a Dios que hiciera de antemano (1 Reyes 8: 41-43):

»Trata de igual manera al extranjero que no pertenece a tu pueblo Israel, pero que atraído por tu fama ha venido de lejanas tierras. (En efecto, los pueblos oirán hablar de tu gran nombre y de tus despliegues de fuerza y poder). Cuando ese extranjero venga y ore en este templo, óyelo tú desde el cielo, donde habitas, y concédele cualquier petición que te haga. Así todos los pueblos de la tierra conocerán tu nombre y, al igual que tu pueblo Israel, tendrán temor de ti.

Eso es lo que Jesús, que es Dios en carne viva, hizo por el centurión.

Escuchó su oración y respondió.

Jesús vino en misión para rescatar al mundo — judíos y gentiles.

¿Recuerdas cuando Jesús contó la historia acerca de cómo el profeta Eliseo sanó a Naamán el leproso? (Lucas 4:27) Esa fue la forma en que Jesús describió su propio ministerio a los no judios.

Jesús no vino al mundo solamente para salvar a los judíos – sino tambien a los gentiles como nosotros.

Es por eso que Jesús predicó este mensaje a sus seguidores:

Amen a sus enemigos, hagan bien a quienes los odian, bendigan a quienes los maldicen, oren por quienes los maltratan. Dale a todo el que te pida y, si alguien se lleva lo que es tuyo, no se lo reclames. Traten a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes.

Aun a un centurion de los romanos.

Y Jesús siempre practicó lo que predicó.

Pero bueno, cuando Jesús no estaba lejos de la casa, el centurión envió amigos, diciéndole:

Señor, no te tomes tanta molestia, pues no merezco que entres bajo mi techo. Por eso ni siquiera me atreví a presentarme ante ti. Pero, con una sola palabra que digas, quedará sano mi siervo.

¿Por qué el gran cambio de corazón?

Esta es una marca de humildad y de fe genuina.

El centurión estaba acostumbrado a mandar y obligar que la gente hiciera lo que él ordenaba. Despues de enviar los lideres a Jesus, en algún momento de reflexion, debe haberse dado cuenta de que lo que hizo. Trataba a Jesús como uno de sus siervos o uno de sus soldados, como si fuera alguien a quien el tenia derecho de ordenar.

Me imagino que el se arrepentio:  ¿Qué demonios he hecho? ¿Quién creo que soy? ¿Por qué lo llamé aquí?

Se siente mal por esperar que Jesús se tomara la molestia de venir y hacer algo que pudiera haber hecho desde el otro lado de la ciudad – simplemente por decir una sola palabra.

El centurión sabe dos cosas: uno, que Jesús es el Señor; dos, que no lo soy.

Ahora, dado que Jesús es el Señor, él tiene autoridad sobre el centurión, sobre su siervo, sobre la enfermedad, y sobre la muerte y la vida.

El centurión razona que la autoridad y la responsabilidad deben funcionar en el ámbito espiritual de la misma manera que funciona en el ámbito militar.

Ahora, si Jesús es el Señor del cielo y la tierra y todo lo que hay en ellos, solo una palabra de la boca del Señor Jesúcristo puede eliminar la enfermedad terminal y ademas puede restaurar la vida de mi siervo.

El centurión cree que la palabra del Señor Jesucristo tiene el poder de formar, reformar y transformar el mundo. Él cree que lo invisible influye en lo visible; que lo espiritual afecta lo natural, lo físico, lo material.

“Pero di la palabra, y deja que mi siervo sea sanado”.

¿Cómo tomó Jesús esta noticia de los amigos del centurión?

Lo detuvo en seco. ¿Por qué? ¿Se ofendió? ¿Trastornado? ¿Molesto? ¡No!

Cuando Jesús escuchó estas cosas, se maravilló de él.

La palabra significa que Jesús lo admiraba, y lo admiraba por causa de su fe.

¿Quieres llamar la atención de Jesús? ¿Quieres obtener la admiración de Jesús? ¿Quieres impresionar a Jesús de alguna manera?

Si es así, no tienes que hablar en lenguas de hombres y de ángeles; No necesitas experimentar poderes milagrosos or tener visiones proféticas; No tienes que entender todos los misterios espirituales, o hacer mover montañas. No tienes que regalar todas tus posesiones a los pobres, ni entregar tu cuerpo para ser quemado en sacrificio.

Si quieres impresionar a Jesús, no tienes que hacer nada dramático o extremo.

Lo unico que tienes que hacer es confiar en él.

Todo lo que tienes que hacer es poner tu fe en el — vivir por fe, no por la vista.

¿Qué es la fe?

“La fe es la confianza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” (Heb. 11:1)

Es creer que lo invisible impacta lo visible; que lo espiritual afecta lo natural, lo físico, lo material; que la palabra del Señor tiene el poder sobre todo de formar, reformar y transformar el mundo.

Como el centurión, las personas que caminan por fe son “recomendadas por el Señor” (Hebrews. 11:2) … “pero sin fe es imposible agradar a Dios, porque cualquiera que se acerque a él debe creer que Dios es y que es galardonador de aquellos que lo buscan.” (Her. 11:6)

Entonces, ¿cuál fue la recompensa que recibió el centurión por buscar y confiar en el Señor?

El Señor respondió sus oraciones. “Cuando los que habían sido enviados regresaron a la casa, encontraron al siervo ya sanado u curado de su enfermedad.”

Y mas: el Señor lo liberó de todas sus ansiedades y temores. El Señor lo restauró y lo refrescó en cuerpo y alma. Le dio descanso y alivio. Eso es la gracia y gozo del evangelio de Jubileo.

¿Cuál será tu recompensa por buscar y confiar en el Señor?

Pide y recibirás. Busca y encontraras. Toca y la puerta se abrirá.

Ora y verás la decisión del Señor, espera y verás la salvación del Señor, cree y verás la provisión del Señor para ti.

Camines por la fe y recibirás al Señor como tu escudo y gran recompensa. (Gen. 15:2)

Hasta que él Señor te responda, bájate bajo su poderosa mano, y en el momento adecuado te levantará.

Dejes todas sus dudas, miedos y preocupaciones en él, porque él cuida por ti.

En tu pena y dolor, clame al Señor.

En tu ansiedad y miedo, invoque su nombre.

En la oscuridad de culpa y vergüenza, confíes en él.

En medio de enfermedades y muerte, al Señor.

En el pozo de la desesperación y la desesperanza, confíe en él.

En la prisión del pecado y la tentación, invoca su nombre.

En el caos del inestable presente y el futuro incierto, al Señor.

Yo sé que a veces el Señor parece estar muy lejos de ti, especialmente cuando la vida es dura y te encuentras en momentos de escasez, pero el Espíritu de Dios dice:

El Señor está cerca.

No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias.

Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.

Como un sabio rey lo puso en el Libro de Proverbios:

Confía en el Señor de todo corazón,
    y no en tu propia inteligencia.
Reconócelo en todos tus caminos,
    y él allanará tus sendas.
No seas sabio en tu propia opinión;
    más bien, teme al Señor y huye del mal.
Esto infundirá salud a tu cuerpo
    y fortalecerá tu ser.